Hace unos días nos sobrecogimos con la imagen de un tipo agrediendo sin razon ni motivo de ninguna clase a una chica ecuatoriana. Pero lo mejor de todo no es eso, no, no, la cosa no acaba ahi.
En el vagón sólo se ven tres personas: el personaje, que va hablando por el móvil (o eso parece) mientras deabula por el vagón, la chica, de 17 años, ecuatoriana, que va tan tranquila sentada en su sillón, y una tercera persona, leyendo el periódico. Bueno, pues ¿podéis creeros que, ante el alboroto que dicho especímen está armanod, esa tercera persona, una mujer, ni siuqiera se digne en echar la vista atrás a ver de qué se trata todo este jaleo?
Y la cosa no acaba ahí. ¿Cómo ha acabado ese claro acto de racismo? Pues con el susodicho personaje en libertad, sin tan siquiera una mínima multa que le hiciera replantearse su ideología xenófoba.
Pues sigamos así, que vamos por el buen camino. Para destruir la sociedad, me refiero.
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